
Una aventura con camellos.
Erase una vez un árabe llamado Abdul Nosequé que tenía un camello para viajar por el desierto. Un día después de un largo paseo, llegó a un oasis y, como tenía mucha sed fue al oasis-bar a tomar un refresco.
Al entrar vio a dos hermanos peleándose. Abdul, a quien le gustaba armar maraña, se dirigió rápidamente al lugar de la discución y preguntó qué pasaba.
El hermano mayor le respondió: "Mira, extranjero, aunque te lo pueda parecer, no nos estamos peleando ni por cuestiones políticas ni por un partido de fútbol. Nuestro problema es que teníamos un tío que se fue a América a hacer fortuna y que al morir se acordó de nosotros tres y nos dio 35 camellos, que nos tenemos que repartir de una forma muy original pero aún no nos hemos puesto de acuerdo porque no nos salen las cuentas". Entonces le explicó en qué consistía tal reparto:
Al hermano mayor le tocaba la mitad de los 35 camellos, pero la mitad de 35 camellos eran 17,5 camellos y, claro, no sabían como partir un camello por la mitad.
Al hermano mediano le tocaba una tercera parte de los 35 camellos... ¡Pero la tercera parte de 35 camellos era 11,66666... camellos!
Al hermano menor le tocaba una novena parte de los 35 camellos... ¡Pero la novena parte de 35 camellos era 3,8888... camellos!
Entonces nuestro amigo Abdul, con cara de satisfacción dijo que no quería que los tres hermanos árabes se peleasen y que les regalaba su camello. De esta forma los hermanos tuvieron 36 camellos, número divisible por 2, 3 y 9.
El reparto se hizo así:
Al hermano mayor le toco la mitad de treinta y seis camellos, o sea 18, y se marchó contento y corriendo antes de que nuestro amigo Abdul se arrepintiese de su ofrecimiento.
El hermano mediano se quedó con una tercera parte de los 36 camellos, es decir 12 y también se largó corriendo y satisfecho con sus camellos.
Con el hermano pequeño pasó lo mismo: la novena parte de 36 camellos son 4 camellos, y se fue muy feliz con sus 4 camellos.
Ahora hagamos cuentas: se repartieron 36 camellos entre 3 personas, pero...
18 camellos + 12 camellos + 4 camellos = 34 camellos.
Así que Abdul repartió 34 camellos, los hermanos se fueron contentos, y él se marchó del oasis con el doble de camellos que tenía al llegar.
¿Cómo es posible? Explícamelo.
Cuadros mágicos.
La composición de los cuadros mágicos numéricos es un entretenimiento que siempre ha gustado a los matemáticos, tanto a los de antes como a los de ahora. Dicho entretenimiento consiste en buscar un determinado número de números que se colocan dentro de las casillas de un cuadrado cuadriculado de tal forma que las sumas de las filas, de la columnas y las diagonales dan siempre el mismo resultado.
A los matemáticos siempre les ha sorprendido poder conseguir tales cuadros, y por este motivo se les denomina mágicos. Los antiguos magos de Persia, que eran al mismo tiempo médicos, afirmaban que estos cuadros numéricos, puestos sobre un órgano enfermo del cuerpo, tenían facultades curativas (más o menos como las cataplasmas de nuestras abuelas). Pero hoy en día se ha comprobado que desgraciadamente no curan aunque a menudo es necesario acudir al médico porque provocan dolores de cabeza.
Hay cuadros mágicos de muchas clases: los más conocidos son los de números consecutivos. El cuadro mágico más pequeño es el de nueve casillas, es decir el que contiene los números consecutivos que van del 1 al 9.
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